Me comenzaron a drogar con teta de madre,
el chupete, el sonajero para botonear mi ansiedad.
Fuí al corralito en gayola, luego al andador por torpe.
Me seguían drogando con juguetes,
un libro para colorear y temperas alucinógenas.
Me picaron con BCG, antivariólica y anestesiaron encías.
Flasheaba con dibujitos en la tele
y toda la psicodelia animada.
Hasta me robé un sorbo de sidra.
Me ilusionaron con un mundo felíz y logré licenciatura.
Traté, fuí responsable, pero me estafaron.
Ahora quiero regresar a la teta
para alivianar el desencanto,
pero mamá está anciana
los yiros me estigmatizan
y los chupetes me dan náusea.
No quiero inyectarme obscenidades
y casi no creo en mí.
Voy a quedar enano como "El Chico del Tambor"
con la ensoñación de un niño
y el privilegio de no saberme crecer.
feb 08 - Víctor Clementi