jueves, 24 de febrero de 2011

Dos (pen)últimas versiones del Che
Un dios cotidiano


Steven Soderbergh en 2008 (Che, guerrilla) y nuestro Tristán Bauer hoy (Che, un hombre nuevo), biopic y documental, complementarias y mutuamente excluyentes, terminan de perfilar al hombre más grande del siglo veinte. El eterno retorno del mito tal vez nunca se detenga; del siempre Hollywood al ahora argento, las infinitas máscaras del coterráneo latinoamericano y universal lo humanizan pero dejan picando la certidumbre de lo que ya sabíamos, alguien excepcional que escapa tozudamente a cualquier comparación e, incluso, a toda comprensión.

Escucha a tu remera hablar. Difícil catalogar al canadiense Soderbergh, sistémico y personal a dos puntas, como cuadra a un filmmaker de la Fábrica de Sueños: correcto en Erin Brockovich (2000), humorista orfebre en las tres Ocean´s (2001, 2004, 2007), a caballo de la ficción y el periodismo en Traffic (2000). Sobretodo en la última, se siente a alguien incómodo dentro de las estructuras convencionales de ficción, un buscador de docudramas próximo al reality, cámara en mano, espía del encuadre, montajista fragmentario que fragua unidad en la diversidad de tramas superpuestas, saltador de pértiga en el manejo de los tiempos cronológicos. La primera parte del inmenso mural dedicado a Ernesto Guevara (Revolución, 2008) parecía capturada por un camarógrafo embeded, como llamaron a los paparazzi y periodistas adjuntos a las operaciones de USA en Irak, un cazafantasmas entrometido, con permiso, que registra incidentes y los vuelca a la narrativa live, entre la improvisación y lo planificado. La riqueza de imágenes-acontecimientos de Revolución la hacían llevadera porque esta primera etapa en la vida del Che venía ya pletórica de facetas. Hombre de armas y de acción, al médico rosarino se lo veía entablando amistad con Fidel, trepado al lomo de la Sierra Maestra y creciendo de la minúscula molécula de milicianos al torrente de guajiros que se suman a la aventura y copan, lenta y gradualmente, el territorio cubano. Más personajes y situaciones, la asunción de un liderazgo cruel y magnánimo a un tiempo, el aliento de épica popular y las escenas de batalla en el monte densificaban el conjunto, aunque moderado por una intangible neutralidad en la mirada directora, que cuando se acercaba volvía a poner distancia, sin llegar nunca a averiguar qué ocurría en la sensibilidad y la decisión del héroe. No se nos olvide: Benicio del Toro soñó el Oscar, amén de fascinarle el modelo –a todo actor del mundo le encantaría personificarlo—mientras a los norteamericanos el Che no les termina de cerrar si bien cayó el Muro hace rato y ninguna utopía socialista los desvele. Para muchos es un terrorista irredento, y se sabe que a ellos los encandila el patriota, uniformado o no, mitad individualista y mitad rebelde fuera de los códigos y, sin escrúpulo, muchas veces de la ética.
La mayor virtud y también defecto de Guerrilla es que no se puede permanecer indiferente ante Guevara, al menos visto desde la perspectiva del Río Grande al sur, la cual, claro, arriba de ese límite geográfico podría calificarse de imposibilidad cultural. Así como los europeos, prestos a reconstruir hechos de la Conquista de América no se desprenden de la lectura colonialista –1492 de Ridley Scott, Eldorado, de Saura (1988), valgan de ejemplos—Soderbergh esquiva concienzudamente la apología y el sentido último de la gesta de liberación trunca. Está okey: nada de subrayados ideológicos comprometidos, reacios al gusto medio del espectador yanqui y del todo incomprensibles, pero a cambio la multiplicidad de un personaje complejo se sustrae al big picture, contrae cuanto mucho el planteo al Malo-Barrientos (aquí, Joaquim de Almeida) y al Bueno-Che, bordea la participación de la CIA y sugiere que los malvados de la película-Historia son los asesores del déspota boliviano. Incluso figura fugazmente un americano (Matt Damon en rápido cameo) que explica, en defensa de los campesinos, que la intromisión de los cubanos en el altiplano sólo les arruina la vida. Soderbergh no miente, sin embargo, cuidadoso de las repercusiones. Los guerrilleros le quitan víveres a un bohío sin moradores y depositan dinero, el Che atiende niños enfermos, Debray prisionero muestra signos de tortura. Se extraña el vacío, el interregno entre la llegada triunfante a La Habana y el desembarco clandestino en Bolivia, algo engarza de su trabajo como canciller en la ONU en Revolución pero entonces se ignoran otras actividades, episodios privados, las reflexiones que obsesivamente hizo constar en decenas de libretas y apuntes y son de dominio público. Personalidad viajera y ubícua, jugador de todo el campo, representante de Cuba delante y detrás de las líneas enemigas, los dos filmes concatenados costaron millones y no hay rastro del Che sino en la isla caribeña (poco) y las montañas cordilleranas. Tanto vigor combativo e intelectual no debió soslayarse, por mucho que interesara subsumir al guerrillero a las escenas de lucha, las únicas complacientes a un receptor que ve selva y enseguida imagina a Rambo.
Dichas las carencias, es hora de destacar los logros, y consisten precisamente en las deliberadas carencias. Aclaremos que Che era en origen un único megafilm de cuatro horas aquí proyectado en forma fracturada y con seis meses de diferencia de exhibición entre ambas partes. El juicio, así, diverge: una cosa es contemplar el producto completo y otra tener que rearmarlo. La antoimposición de austeridad gana en verosimilitud. Guiado por los Diarios del Che en Bolivia, la película se trata de una ilustración de ellos, como el documental del suizo Richard Dindo (1994) actuaba a la inversa, su lección en voz alta sin la reconstruir su presencia. De manera tal que en Guerrilla entramos junto al Che y su magro séquito, gradualmente, al corazón de sus tinieblas de intruso en comarca desconocida, y casi sentimos el hambre, el asma, la extenuación y la emboscada final, y vemos la defección del PC boliviano, la desconfianza mayúscula de los aymará, las razzias del ejército, los intentos vanos de reeducar a los sumisos pobladores en la dialéctica de su situación. Soderbergh acierta dentro de sus limitaciones, elimina el ícono fácil, nunca aparece Benicio-Che muerto y transfigurado en el ecce homo de las fotos inmortales, en la lavandería de La Higuera; desafiando a lo esperado, filma, subjetivo, el momento del balazo desde el cuerpo del Che en cuclillas hasta dejar de respirar.
Eso sí, el espíritu del protagonista, volcado a pulso en sus cuadernos de notas, aguarda, angustiosamente mudo, a nuestra sed de espectadores.

El viaje definitivo. Dos años más tarde, Tristán Bauer y su coguionista Carolina Scaglione pergeñan Un hombre nuevo como un testamento. El director de Después de la tormenta (1991) e Iluminados por el fuego (2005) anduvo doce años recopilando, indagando, mientras otros cineastas adobaban sus propias versiones del Che. Gracias a Bauer nos enteramos de la verdadera grandeza de un sujeto incomparable, que en cuarenta años dijo, hizo y escribió lo que insumiría a uno normal varias vidas promedio. Un argentino no muy distinto a nuestros discutidos próceres, aunque a él le disgustara el parangón: minuciosos redactores, insomnes, capaces de derramar libros en medio del fragor del combate.
El comienzo parece un homenaje a Coppola. La voz de Ernesto, que se despide de su esposa Aleida March con un recitado, hallazgo en cinta magnetofónica, de Los heraldos negros de Vallejo, y, detrás, los fantásticos estallidos, las bombas de fósforo, el napalm, de Vietnam a Bagdad. Ninguna imagen sintetiza mejor el sentido de una lucha, ¿o acaso el futuro no es un arma cargada de poesía?... La andanza de Bauer comienza al nacer él mismo “en el 59, año de la Revolución Cubana, y siento que el Che acompañó mi vida casi desde siempre”. Un solo corto interno tienden en común Guerrilla y Che, un hombre nuevo: el instante en que Fidel lee ante una plaza ahíta la carta de su camarada anunciando su retiro a otros frentes. Lo siguiente, y antes, la biografía prácticamente definitiva. Se recurre al archivo familiar y el super 8 de la época reconoce al chiquilín que se recupera de la disnea en Alta Gracia, el álbum colectivo lo enmarca sonriente como rugbier de burguesa cuna, los viajes le sirven a su hobby de fotógrafo, los rostros y paisajes permiten descubrir tras el objetivo la lenta maduración de su conciencia.
Bauer es el primer argentino que realiza un documental sobre el más grande argentino; Juan Carlos Desanzo había procurado su ficción antecesora, Hasta la victoria siempre (1997), despareja en resultados, con un elaborado libreto de José Pablo Feinmann –luego llevaría sus razonamientos al teatro, Preguntas con el Che, Arturo Bonín y Manuel Callau—y Alfredo Vasco, casi un clon del Che redivivo. Pero la estrella se convierte en constelación, más se profundiza en el personaje y más se entiende por qué ningun biopic le hace justicia. Por un error del ejército boliviano, el investigador se mete en las vitrinas secretas que guardan los apuntes del guerrillero. Otros testimonios lo llevan al metraje de su periplo en China y nos sorprende un Che andando en trencito hombro a hombro en fila india, al compás de un jardín de infantes. Repite sus alegatos en Naciones Unidas, en la Conferencia de Punta del Este, hachando caña a machete y sobre el lomo del tractor, las escasas notas gráficas al lado de sus cinco hijos, el casamiento en La Habana con el infaltable puro y supervisando tareas en el ímprobo ministerio de industria, su despacho conservado como una pieza de museo, los festejos populares en el ágora y el malecón, el fracaso de la lucha en el Congo, su rostro de muerto en la portada de Life que él mismo profetizara. No elide el contexto. Extractos de la televisión cubana transportan la defensa de Cochinos, los titulares de prensa aquí y allá, los atentados y bombardeos, detalles acerca de la Reforma Agraria, el bloqueo económico, la Crisis de los Misiles y el maquiavelismo soviético, las nacionalizaciones y la gente que arroja al vacío los carteles de neón de las empresas yanquis.
Bauer deslumbra, pues su objeto de estudio lo deslumbra. Al revés de Soderbergh, ajeno al material de todo punto, no pretende imparcialidad ni la pide del que escucha. Y es en la apertura a este Ernesto Guevara de la Serna íntimo y político, cubano por identificación y latinoamericano universal, que se le escapa de las manos cualquier neutralismo. Imposible no adherir, incluso en la nostalgia de un mundo cuya mutación se vislumbraba inminente, a ese dios cotidiano que, cuesta creerlo, naciera a unos kilómetros de Mar del Plata. Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004) ya inauguraba la intención de humanizarlo con buen tino, pero a veces se perdía en la postal turística y otras buscaba un auditorio de road movie social distante. Hoy hasta a la derecha le fascina el barbudo de la remera y sólo falta que su obra completa la publique en fascículos La Nación. “Un revolucionario debe tener corazón apasionado y mente fría”, refranea el Che. Soderbergh se atiene sólo a lo segundo.
Pendientes, algunas preguntas sin respuesta. ¿Cómo un hombre de inteligencia supina, que leyó como un enciclopedista y comentaba cada cosa que leía, atento a las trastiendas semioscuras de la política internacional, sabio al augurar la traición del Partido en Bolivia antes de pisar sus valles, fue a morir, casi a suicidarse, en el desfiladero más infranqueable de la Tierra? ¿Qué mapa errado –humano y natural—le indicó que la experiencia foquista podía calcarse sin más del Caribe a la Puna olvidada? Jorge Masetti, un admirador suyo, se había inmolado años ha, en una circunstancia espacial, y temporal, semejante.
La otra pregunta, aún más complicada. ¿Qué es un argentino, ahora y siempre, este ejemplar homínido desarraigado y altruísta, que puede morir por un país y una causa que jamás vivió en su barrio? Habrá que continuar, como el Che, pensando, escribiendo febril, filmando. En el arte estarán, quizás, si no las contestaciones, un modo de formular mejor las preguntas.

Gabriel Cabrejas

miércoles, 23 de febrero de 2011

Teatro de un renegado, edición 2011


El Bululú, desde Vilches a Osqui
Uno para todos



Era, cuenta la leyenda, un cómico ambulante de la vieja España, un juglar y un loco, pero de esa sagrada locura bien castiza de soledad y palabras, casi un prófugo de la cultura y como tal, el único que la llevaba a través de los caminos, de pueblo en pueblo y hacia ninguna parte. Demasiado pobre para estar acompañado, este saltimbanqui heroico no tenía con quién repartir la calderilla que le arrojaban en las plazas polvorientas al término de cada función; sin más plan que seguir andando, se lo veía capaz del recitado y la parodia, el chascarrillo y los versos clásicos, su carromato cuajado de un vestuario hecho de harapos y costurones. Si no fuera por esos trashumantes de la legua, la misma cultura a la que pertenecen las medievales aldeas de la célebre Mancha jamás les habría llegado.
El milagro que logra Osqui Guzmán a través de su versión de El Bululú es doble. Rescata del olvido este acervo de soleada raigambre y recicla a la vez otro clásico: el que José María Vilches trajera con enorme éxito a estas playas atlánticas treinta años ha, y junto a él, repite la maravilla del actor múltiple, que llena el escenario solo, cambiante de personajes y situaciones.
Osqui integra el Teatro Nacional Cervantes. Conocido para nosotros gracias a su trabajo de reparto en Hermanos y detectives, la serie televisiva de Damián Szifrón, donde encarnaba a un policía sensible, es hijo de inmigrantes bolivianos y su relato inicial consiste en cómo halló los casetes del ya fallecido Vilches –él mismo un bululú andariego que murió, como correspondía a tal, precisamente dentro de una de sus infinitas giras—y cómo escuchándolo se convirtió el mismo en intérprete. Experiencia conflictiva si las hay, porque se enamoraba del Siglo de Oro mientras sus padres le recordaban el saqueo del oro de Potosí en manos de los mismos conquistadores de aquellos tiempos. Una máscara ritual, el diablo del Carnaval aymará, y unas estrofas hispánicas entonadas igual que un lamento del Altiplano, cierra el mestizaje originario. Lo demás, sus propios textos, los de Vilches, y la selección más representativa posible del itinerario de la poesía ibérica.
Mauricio Dayub acompaña a Guzmán en la dirección del espectáculo, su esposa Leticia González de Lellis en la compaginación y elaboración de algunos pasajes, y luego, la literatura, a saber: Elogio a la mujer fea (Lope de Vega), El Lindo Don Diego (Moreto y Cabaña), Romance de la luna, luna y Antoñito el Camborio (García Lorca), A una nariz (el soneto de Quevedo) y el entremés Los habladores (Cervantes), y sus propios productos: Pantomima de la cucaracha, Mal pero qué importa, el Caminante, el Club de los Patéticos. Un trapecista sin red y un pintor que usa todos los colores de su paleta, se traviste en voz, salta de un gesto a otro y de monólogo a autodiálogo –o sea, conversa consigo mismo dividido en dos, o tres, dialogantes. “El Bululú dice que los recuerdos son trapos viejos y que sólo una buena confección los vuelve memoria”, dice Osqui G en el programa de mano. Retomando su profesión de costurero, herencia paterna, su labor se simboliza en eso, saber enhebrar y tejer el pespunte de criaturas que unifican pasado y presente, el sin tiempo de la dramaturgia y el poema españoles y los condimentos nuevos de la generación joven. “Mezcla de mito, memoria, teatro festivo, identidad”, agrega, y ninguna síntesis puede sonar mejor.
Mosca blanca de la temporada teatral, este reencuentro con el arte y la palabra merece la ovación que Guzmán imagina al salir a saludar y, créanlo, llega espontáneamente1.

Gabriel Cabrejas

lunes, 21 de febrero de 2011

Otro entierro prematuro


Hay ciertos temas de interés absorbente, pero demasiado horribles para ser objeto de una obra de ficción[i]. Nuestra historia es real, es la vida misma.

Es el clavario[ii] de Luisito, en realidad Luis Loity ya que Luisito se lo volvió a llamar luego de su accidente cerebrovascular. Así recuperó el diminutivo de la infancia.

Luisito tenía una obsesión similar a la de Poe en el cuento “El entierro prematuro” tan común en la gente del siglo XIX, el vulgo decimonónico. Y quiso la mala fortuna que tropezara con ella.

El ACV lo dejó postrado en la cama con nula movilidad, apenas sus ojos, sin habla, sin comunicación alguna. Su mente se dedicaba horas a sus pensamientos más sombríos. Se encontraba en la situación más temida.

De allí en más no pudo comunicarse, ni empleó aquel laborioso método del autor del libro “La escafandra y la mariposa” escrito solo con la guiñada de un ojo y la enorme paciencia de sus enfermeras.

Y luego de unos meses que él no podría precisar vio entrar al enfermero. Se encontró con sus ojos y su mirada viscosa cargada de lascivia lo expresó todo. Supo que era cuestión de tiempo, de oportunidad. El enfermero ya había tomado la decisión. Y su indefensión de bebé nada podía hacer para impedirlo.

Muchos días después percibió un bamboleo rítmico, como si navegara. Y un respirar jadeante. El enfermero estaba consumando el pecado más aborrecible. Fue el despertar con la confirmación largamente esperada.

Se cumplieron todos sus temores ampliamente.

Las partes sensibles de su cuerpo, que eran bien pocas, vibraron con el desamparo y la impotencia. De allí en más el enfermero lo sodomizaba bien sodomizado las noches que tenía posibilidad de hacerlo, que eran casi todas.

La abominación, así es calificada en La Biblia, se volvió rutina. Recordó aquellos ángeles que estaban con Lot en Sodoma y se salvaron de ser abusados antes de que Lot entregara a sus hijas. Los ángeles cegaron a la turba enardecida y caliente.

La esperanza de Luisito estaba depositada en la muerte y se cumplió a medias.

La suerte, el azar o alguna jugarreta del demonio ayudó a que eligieran sus familiares la funeraria más infectada por una necrofilia generalizada, entre el rigor mortis y la putrefacción estaba el cielo según sus empleados. Es nuestro paraíso, decían. Abusaron de su cadáver mientras lo preparaban para su presentación final.

Intentaron, como broma macabra, dibujarle una sonrisa en su boca tan inmovilizada por años...

Sergi Puyol i Rigoll

Mar de Cobos 2010



[i] Frase con que empieza “El entierro prematuro” (1844) de Edgar Allan Poe en traducción de Cortázar.

[ii] Un lapsus del autor que lo revela todo, en consonancia con Freud. La palabra correcta era calvario.

martes, 15 de febrero de 2011

Huérfano en las comisuras

si hubiese algún poema condenado a la hoguera...

Dios ha quedado solo en el Universo
de tan omniciente, de tan inmaculado
ególatra que bebe la fe de sus creados,
de tan perfecto, de tan suficiencia
colapsa en su propia identidad.

Fueron ángeles boreales
confinados al submundo
disidentes de la Primera Obstinación,
fue su primogénito crucifijo anunciado.

No es posible tal ambiguedad
para el Supuesto Inicial,
los bárbaros cruzaron las filas de la mística
con fetiches de iluminación.

Aceptar el vértigo a comisuras inciertas,
estricta inmolación del Ego
para sentir la orfandad del Creador
y evitar la culpa genética.

Cualquier definición
ofende al Silencio.

Victor Marcelo Clementi

jueves, 10 de febrero de 2011

El Tiempo es un Sueño Vagabundo

dedicada a Sito

A veces las horas enferman
ruedan sin percepción por andenes suicidas
prisioneras en el sueño del vagabundo
que mora la última estación hacia dónde

Un tren imita orillas
metáfora de la impermanencia
huye a lo Quimera
existe en la sospecha ritual
para que el Tiempo aúlle.

Las vías, casi vísceras
de una geometría desprolija
descansan sobre durmientes inmolados
luego que el vagabundo apuñalara
el último reflejo que robó su alma.

Acaso el Primer Sueño sea un tren creando
estaciones a las que nunca volverá.

Victor Marcelo Clementi

lunes, 7 de febrero de 2011

Poesía Diet (viejos escritos 1997)

Ser trasgresor hoy en día es hacer las cosas con calidad

¿Cómo hablar de síntesis en poesía cuando de por sí es la variable más abreviada de la literatura?
Hace falta abundancia para obtener síntesis; a veces, refugiarse en ella, anhelarla en tanto método, sólo encubre la pobreza del poeta, su carencia de ideas. Además ¿cuál es la frontera entre síntesis y miseria?
A mí no me amedrenta la abundancia, algo rescato de la lujuria. Jamás sacrificaría una idea por una forma.
La poesía necesita recuperar elementos religiosos: el poema es un estuche de sueños.
Primero hay que preocuparse por tener ideas, luego abreviarlas.
De la abundancia nace la síntesis, no de la indigencia argumental.
Cualquier porcentaje de cero es cero.
El falso júbilo de los profetas de la síntesis, intoxicados tal vez por siluetas anoréxicas, ha estilizado tanto la forma que descarta la esencia. En nombre de la cultura dietética, ellos prefieren desertar al éxtasis antes de embriagarse y derrochar emociones. Será porque tal ausencia acusa su propia insignificancia.
Quisiera recordarles a estos nuevos yupies que navegan entre limbos literarios: las ideas necesitan desarrollo, no deben precarizarse. La síntesis, con exactitud, es biológica o dialéctica, jamás es un producto final que se subordina a la forma.
Si la síntesis es estática, contradice la evolución, y tal concepto se enfrenta con el Tiempo.
La poesía existe tanto en la basura como en las galaxias, en el silencio y en la muerte; por eso creo que apresarla en la modorra de los ghetos culturales no hace sino ofender a la belleza, al exclusivo impulso que duerme en los arcanos y no en la retórica amanerada de la erudicción.

Victor Marcelo Clementi
Publicado en la Ola de papel
1997

Fragmento Olvidado (viejos escritos 1991)



El octavo día de la creación, Jehová lo decidió para su placer eterno.
Entonces, escogió a tres hombres de entre los tantos hombres
y les encomendó el Destino:
-Tu medirás el Universo - dijo al primero- y le entregó una vara.
Señaló al segundo, luego:
-Tu descifrarás la mente- y lo enfrentó a un espejo.
Por último dijo:
-Y tu repartirás el fruto de la Tierra- mientras le alcanzaba una balanza.

Desde aquel día en que Dios inauguró la Ciencia. la Psicología y la Política,
Dios ya no trabaja; escucha pacientemente al hombre y no cesa de reirse.




Victor Clementi

Poema pal Culo (viejos poemas 1995)

en un buen culo muere toda filosofía

ese culo no sólo fue moldeado con miradas
ese culo lleva encima todas las miradas
ese culo chorrea sexo
ese culo es estético
caligrafía exótica
un culo de portarretrato
no es necesario tocarlo o ansiarlo
es esencial que exista
el culo perfecto
más saludable que la ciencia ficción
más controvertido que el Carbono 14
Ley de leyes, el Culo Primero
el Cero que inicia los cantos dialécticos
madre y vida de todos los culitos
eterno culo, Padre y Señor:
dame ese culo por una noche
y dejaré de pecar con el deseo,
y si no lo mereciera
concédeme una fotografía Señor
una vulgar estampita con ese culo
para que mis oraciones lleguen a su puerta.

Victor Marcelo Clementi

Homenaje (viejos poemas 1995)

Amo a las mujeres leves, muy breves,
similares a un hechizo.
Amo las mujeres que me guardan
en un pedazo de sus labios,
que me esperan en sus pechos.
Amo las mujeres taciturnas,
se me ocurren perezosas
como el vino de una promesa.
Amo me sobornen con ese aire
de gorrión sin infancia,
cuando bromean barriletes
en algún surco de la nostalgia.
Las amo misterio, altivas
igual a una tentación difícil de resolver.
Amo a su belleza jactarse de la muerte
coqueteando entre aullidos y aliento,
así me espantan el tedio.
Las amo hasta cierto punto predecibles.
Las amo serpentear entre ángeles
cuando la piel seduce al paraíso.
Las amo tutearse con el absoluto
desvestidas sobre el universo,
escurriendo en un silencio
que apaga cualquier contradicción.
Las amo discutir el argumento de mis manos
o cuando disimulan esos olvidables
pretextos para acercarme.
Todo se resume y se desdice,
todo, excepto su belleza.

Victor Marcelo Clementi
Publicada en la Revista Lilith
2006

domingo, 6 de febrero de 2011

Primer Festival Latinoamericano de Folclore Drogón (Humor)

A realizarse en Villa La Chalita próximamente.
Entrada: dos elementos tóxicos no perecederos.
Artistas Invitados:

·Las Quernas Satiba

·Empanadas, anfeta y vino

·Los Bombos Lisérgicos

·Los Intoxicampos

·Las espuelitas de Ricota

·Canabbisiando

·Ensartándosela al Chancho

·El Grupo Místico Boleadoras Zen

·Trío Pasta Base

y especialmente de Bolivia el Dúo Mercanacu

Además lo nuevo en Folclore Rosa:

Bombachas Caídas y Poncho a Lunares Rococó.

CINE

Luego de la exhibición de ¨El Secreto de la Montaña¨, Rosauro Lamira Conganas inició una demanda a los realizadores del film, ya que, adujo el cineasta, él había escrito con anterioridad un guión que versaba sobre idéntica idea.
Aunque en la versión original, el drama sucedía en las pampas nativas del autor. Texto autobiografico y que llevó por título El Secreto bajo el ombú.

Y a propósito

qué le cantó el chango a su china cuando no se la pudo culear por lo adobao que estaba
...tengo el cachiló dormido...

sábado, 5 de febrero de 2011

Recompensa (humor)

La asesoría legal de la Cocuzza, a través de su representante, la licenciada Viky Van der Chuchi, ofrece una recompensa para los siguientes personajes quienes atentan, no sólo contra el mal gusto, sino que entregan productos con menos terminaciones que Frankenstein, a saber:

El asesor de vestuario de las hermanas William (Venus y Serena)

El peluquero estilista de Silvio Soldán.

El sastre de Carlos Menem y

La manicura de Perón.

BUSCADOS VIVO o MUERTOS.
Acusados por los Tribunales del Pueblo, tales terroristas antiestéticos gozan de libertad indiscriminada. Basta de impunidad...

jueves, 3 de febrero de 2011

Entrevista a Clementi en diario bahiense

VICTOR CLEMENTI
Visita de un poeta marplatense

El escritor brindó una disertación y compartió experiencias con los talleristas y algunos pares rosaleños.

Durante las jornadas más sofocantes de este enero, el escritor Víctor Clementi, representante de la vanguardia poética marplatense y autor de una prolífica obra literaria reconocida a nivel nacional e internacional, visitó nuestra ciudad.
Lo hizo especialmente invitado por la escritora Gladys Acha, coordinadora del taller literario de verano "De la Estación", en el que realizó una disertación sobre poesía contemporánea y compartió experiencias con los talleristas y algunos pares rosaleños.
"La literatura no es un fin en sí mismo, es como algo colateral en mi caso. Mi pretensión es, más que nada una suerte de crecimiento interior, una alquimia en la cual voy elaborando cosas que me suceden, pensamientos y elementos que me permiten ser una mejor persona", dijo.
Este concepto fue su carta de presentación en el extenso diálogo exclusivo que mantuvo con "La Nueva Provincia" . "Colateralmente, como dije, salen las palabras que hacen literaria a mi obra. Es como un hecho tangencial. Primero escribo para darle importancia a mi ser interior", agregó.
El autor compone poesía mayoritariamente. También hace lo propio con el ensayo corto y con textos de neto corte humorístico. "Tengo un sector localizado que tiene que ver con el tema del barrio, con la nostalgia, con la noche y esa sabiduría existente en los bares. Hay otra parte que apunta a lo espiritual y todavía queda un espacio para lo filosófico", indicó.
Junto al prosista Gustavo Oláiz y el crítico de cine Gabriel Callejas escribe en la revista La Cocuzza, un importante referente de la literatura del interior del país, que en su versión virtual actual gana adeptos en España, Méjico y otros países latinoamericanos. A fines de los 90 nació editada en papel. Con el advenimiento del nuevo siglo se integró como suplemento a la revista La Avispa, dirigida por su colega y amiga, la narradora Marcela Predieri. Finalmente se constituyó como blog y desde entonces recoge entusiasta adhesiones en el país y en el extranjero.

Trayectoria. También colaboró con otras recordadas ediciones como Lilith; la citada La Avispa; la cordobesa Decires y la marplatense Poética. Su extensa trayectoria artística se inició en 1980 con a la publicación de la colecticia poética titulada Decires, a la que le siguieron la contestataria Poemas; Zen y Simetría, que incluyó sus primeros cuentos.
En 1986 dio a conocer Memorias de Gambeta, que fue adaptada al teatro y se representó en distintas salas de ese balneario atlántico. "Se trata de una historia basada en las reflexiones de su personaje principal, el hijo de un tanguero y una rockera, devenido gurú criollo", explicó.
Entre 1997 y 2001 editó Tributo a lo Inasible, un homenaje al budismo; la muy reconocida trilogía Poesía Sucia, conformada por Ecuaciones Violentas, Especies y Licencia para Crear. Sus últimas producciones son los poemarios Colisión; Apertura Licor de Sueños; Absurdo y Otros Manjares; y El Ocaso de los Dioses.

Distintivo. Abonado al formato no tradicional de sus libros, opúsculos más largos que anchos, explicó que es un escritor que publica sus propios trabajos y elige la forma que más le conviene, generalmente distintiva. Además, descree de las editoriales.
"Nunca asistí a la feria del Libro de Mar del Plata porque no convoca a los autores. Es un emprendimiento de editoriales. El 90% de los escritores somos independientes. ¿Cómo nos representan las editoriales, entonces?", se preguntó.
Entre sus convecinos resaltó la labor de dos autores emblemáticos, a saber, Américo Alvarez y Rafael Oteriño. La literatura francesa, desde Charles Baudelaire en adelante, es su preferida, especialmente la de los conocidos como "Poetas Malditos", además de Antonin Artaud y los de su generación, junto al surrealismo.
Reconoce influencias del irlandés Dylan Thomas, del inglés John Donne y del francés Gerard de Nerval.
Entre los latinoamericanos sus autores predilectos son César Vallejos, en poesía; Juan Rulfo, en narrativa; y Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Alejo Carpentier, en novela.
Para los argentinos, reservó el nombre de Oliverio Girondo --"encarnó al surrealismo nativo de manera explosiva", refirió-- y de Dalmiro Sáenz.
Finalmente expresó que, antes de su partida final, desea publicar una obra que titulará "Frases a lo largo de mí". "Es sobre todo lo que aprendí, si es que aprendí algo; un cúmulo de pensamientos acerca de mis sospechas cognitivas a lo largo de los años".
Fiel a su estilo y muy satisfecho con la producción del taller "De la Estación", concluyó la charla con la promesa de volver a Punta Alta cuando haga menos calor.


Esta nota está en la página del diario: http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/31/01/2011/b1v032.html