lunes, 7 de febrero de 2011

Poesía Diet (viejos escritos 1997)

Ser trasgresor hoy en día es hacer las cosas con calidad

¿Cómo hablar de síntesis en poesía cuando de por sí es la variable más abreviada de la literatura?
Hace falta abundancia para obtener síntesis; a veces, refugiarse en ella, anhelarla en tanto método, sólo encubre la pobreza del poeta, su carencia de ideas. Además ¿cuál es la frontera entre síntesis y miseria?
A mí no me amedrenta la abundancia, algo rescato de la lujuria. Jamás sacrificaría una idea por una forma.
La poesía necesita recuperar elementos religiosos: el poema es un estuche de sueños.
Primero hay que preocuparse por tener ideas, luego abreviarlas.
De la abundancia nace la síntesis, no de la indigencia argumental.
Cualquier porcentaje de cero es cero.
El falso júbilo de los profetas de la síntesis, intoxicados tal vez por siluetas anoréxicas, ha estilizado tanto la forma que descarta la esencia. En nombre de la cultura dietética, ellos prefieren desertar al éxtasis antes de embriagarse y derrochar emociones. Será porque tal ausencia acusa su propia insignificancia.
Quisiera recordarles a estos nuevos yupies que navegan entre limbos literarios: las ideas necesitan desarrollo, no deben precarizarse. La síntesis, con exactitud, es biológica o dialéctica, jamás es un producto final que se subordina a la forma.
Si la síntesis es estática, contradice la evolución, y tal concepto se enfrenta con el Tiempo.
La poesía existe tanto en la basura como en las galaxias, en el silencio y en la muerte; por eso creo que apresarla en la modorra de los ghetos culturales no hace sino ofender a la belleza, al exclusivo impulso que duerme en los arcanos y no en la retórica amanerada de la erudicción.

Victor Marcelo Clementi
Publicado en la Ola de papel
1997

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