lunes, 2 de julio de 2007

Aguadébiles marplatenses (pensamientos de un renegado, 3)

Auto-máchico

El automóvil es el último refugio de la masculinidad asediada. Jamás se vio en la tele o en la publicidad gráfica de un cero kilómetro a una mujer al volante, aún cuando la mujer sea –y es—perfectamente capaz de comprarse uno, y según las encuestas maneja mejor que el hombre. Porque el coche es el pene erecto dirigido a toda velocidad hacia el futuro, una time machine entre el infinito y la nada del pobre macho al que ya quedan pocas capacidades exclusivas. Solamente el tipo es quien, además de comprar un auto, lo cuida, lo baña, lo asegura, lo adorna y lo repara, en una operación masturbatoria-narcisista por transitividad técnica. El auto más caro y raro es el que seduce mejor (y a mejores) mujeres, y hasta hay hembras que gozan prolongados orgasmos en relación al tamaño, brillo, color y precio del chasis, sin mirar la pelada, la panza, la estatura o, al fin, el desarrollo del órgano sexual del conductor. No es social sino biológico, como que la protección implícita de un rodado imponente, símbolo del macho que lo ostenta, garantiza en la hembra el cuidado de la cría –aunque no se trepe al auto-pene precisamente para reproducirse. El instrumento más avanzado de la tecnología al alcance del consumidor es, contradicciones de la modernidad, el que expresa como ninguno el primitivismo sin progreso de nuestra humana condición.
A eso se adjuntan las variables del relacionismo capitalista en torno a la competitividad masculina (nunca una mujer habría imaginado el capitalismo, cuya ferocidad de primacía y dominio corresponde por definición al macho): el que maniobra un auto usado pequeño es un fracasado de breve miembro, en tanto el chofer de un 0km de importación un agresivo y poderoso directivo de paladar negro y priapismo intransferible. La realidad puede dirimirse inversamente proporcional, pero, como todo en el dualismo social, la apariencia gana la partida.
Para la mujer, el auto es un medio –de transporte y bienestar. Para el hombre es un fin en sí, una autodemostración y un emblema. Si fracasa como amante, padre y esposo, el lujo o novedad de su auto lo consuelan, no sentirá tan devastadora su mediocridad. No entiende que delante de sí siempre se le presentarán semáforos, sendas peatonales, calles rotas, baches, calzada resbaladiza, abismos. Caerá en ellos tarde o temprano, pero le basta su convicción en los frenos y los amortiguadores. Cuando todo fisure, no lamentará que fallaron los frenos o los elásticos vinieron jodidos de fábrica: lamentará las roturas. Dicho de otro modo, no deplorará que el pene no haga gozar a nadie, sino que deje de aparentar erecciones. Difícilmente se verá a un marido o novio cariñoso enseñándole a manejar a su pareja en su propio auto. No sólo se aterroriza de que ella engrane la caja de cambios, frene de golpe y el de atrás le abolle el paragolpes –masculinidad herida de muerte, me han hecho el orto, flaco—o vulnere las llantas en la siempre imposible faena de estacionar. Lo que realmente le enferma es que ella, al menos en su rol de discípula, tome el control de su poronga. Que mañana lo deje a pie, una mañana de frío y luego de recibir una socavante reprimenda del jefe, o, peor, de su pareja misma.
Mencioné las encuestas. Una, reciente, en la ciudad autónoma de Buenos Aires, informó lo que todos sabíamos pero temíamos preguntar. Ellas manejan mejor. No es biológico, es social. Les importa llegar, no llegar primero. Cuidan su integridad y la de los otros, no la del animal mecánico. Son responsables –el hijo que va atrás es de ellas—y respetuosas –todos manejan autos y quieren llegar, no pasarse entre sí en las curvas o las esquinas. Un medio, no un fin.
Ningún macho se siente (se sabe) un genuino perdedor hasta que su auto no arranque un buen día. Ese día, sí, en que llovía y llegaba tarde. Y es que ya era tarde, y ese día de diluvio lo supo.


Gabriel Cabrejas

1 comentario:

Ruben Guirland dijo...

R. guirland
que buena realización.Es la autobiografia para muchos ( me incluyo).
Tiene una realidad innegable.
Simplemente excelente!!!
guirlanruben@hotmail.com